
Saber jugar
Cosa de niños y ¿de las madres?
Llevo a mi niña al parque y como es usual en ella lleva en la mano algún juguete al que aprieta contra su pecho con manitas regordetas.
En este caso lleva una muñeca y su cochecito. Apenas llegamos otra niña más o menos de la misma edad (lo deduzco por el tamaño) se le pega como una lapa.
Pero no para jugar, sino para quitarle la muñeca, cosa que mi hija resiste, pero sin hacerla mucho caso. Miro a la niña, miro a la madre que como yo sigue la escena a pocos metros, me sonríe, le devuelvo la sonrisa.
Luego la niña va por el cochecito, no lo pide, no quiere jugar con él, se lo quiere quitar directamente, otra vez mi hija se resiste, le gruñe un poco y no suelta ni coche ni muñeca.
Vuelvo a mirar a la niña, luego a la madre que me vuelve a sonreír y me hace un gesto que interpreto como que ese forcejeo es cosa de niños.
Cosa de niños digo yo y no digo ni hago nada. Pero la niña insiste, mi hija se va mas allá y ella atrás, intentando otra vez a toda costa quitarle los juguetes, veo a mi hija que el asunto le está cansando ya. De pronto se harta del todo y le pega un guantazo, la niña se queda atónita y morada de rabia empieza a chillar.
Miro a la madre y me doy con que de su rostro no queda sonrisa alguna y más bien convertida en una furia coge a la niña del brazo, bolso en ristre, y dice alto y claro, como para que a nadie le quede duda, que se van porque hay niños que no saben jugar.
Claudia SolísSoy madre de dos niñas, una de 7 y otra de 5 años. En mis ratos libres también soy periodista full time, un trabajo que me gusta mucho pero que comparto con mi otro trabajo, el más duro, el más complejo y también el mejor, ser mamá.
Trato de hacer lo mejor que puedo a veces volviéndome loca y otras veces guardando la cordura pero siempre bajo la sospecha que se me ha zafado un cable, yendo por la crianza a campo traviesa, sorteando las dificultades del camino, sin mapa.

