
Dejar atrás la fórmula, los pañales y el coche, tres momentos de gloria.
Los primeros años de nuestros hijos son una sucesión de hitos, cada paso es un avance en el desarrollo de los niños y en el nuestro también como madres.
Es una maravilla oír al pequeñín decir “mamá” por primera vez (antes que “papá” o el nombre del perro), verlo comer su primera papilla o dar sus primeros pasitos.
Todo esto fue muy bonito y me dio mucha alegría, pero, siendo honesta, para mí hubo tres momentos en los que alcancé unas cuotas altísimas de felicidad.
Cambian los regalos con los tiempos, el fondo no.
Mi marido me regala por el Día de la Madre esa computadora con la que vengo soñando desde hace tiempo. Me hace feliz, inmensamente feliz, hasta se me saltan las lágrimas de la emoción cuando abro el paquete.
Celebro el Día de la Madre con una gran enseñanza de mi mamá.
Es probable que a la generación de mi madre, esa que llamo la del “sándwich” porque le tocó lidiar con el tránsito a la “mujer-moderna-libre-trabajadora”, el personaje de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó” les haya marcado como a la mía Madonna.
Mi mamá, además de tener sus ratos de heroína incomprendida-como Scarlett-, ha repetido como estribillo de su vida la popular frase del personaje interpretado magistralmente por la bella Vivien Leigh “mañana será otro día” (“tomorrow is another day”), pero es que no sólo lo ha dicho en innumerables ocasiones, sino que realmente lo ha practicado.
Las mujeres y los hombres reaccionan de distinta manera al llanto de un niño.
Por fin la ciencia ha confirmado lo que las madres ya sabíamos desde hace rato: que las mujeres y los hombres reaccionan de distinta manera al llanto de un niño, especialmente, si está hambriento.
Según un estudio del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) dado conocer esta semana, el cerebro de los hombres y las mujeres reacciona de diferente forma ante el llanto de un bebé y, de hecho, el de las mujeres está "conectado directamente" para hacerlo.
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A veces los niños piden otro hermanito, pero ¿cuántos hijos realmemte podemos tener?
Alentadas por un instinto maternal, que le dicen, mis hijas se derriten frente a cada bebé que encuentran a su paso. 
La frase inevitable después de hacerle mimos a la criatura es: “mami, quiero otro hermanito” o mejor dicho, “quiero un bebé en casa”.
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Queramos o no, nos convertimos en nuestras propias madres
Si mi mamá me decía “camina derecha”, me molestaba; si me decía “cruza las piernas para sentarte”, le respondía con una morisqueta; si me insistía en que no salga con esos “pelos de loca”, casi que le cerraba la puerta en la cara. 
El presidente Obama amenza a sus hijas a hacerse un tatuaje si ellas lo hacen.
Barack Obama y su esposa, Michelle, nos tienen acostumbrados a compartir detalles de su vida privada y esta semana el propio presidente ha compartido su temor de que sus hijas, Sasha y Malia, se les dé por hacerse un tatuaje.
Cuándo dejar los pañales es una pregunta que las madres nos hacemos, pero quizás tenga que ver con la madurez y la disciplina.
Todas las mamás nos planteamos en algún momento si nuestro hijo está atrasado con respecto al resto. Nos lo preguntamos con los dientes, cuando empiezan a caminar, hablar o comer solo, pero creo que la pregunta que se lleva las palmas es si ya no es hora de que deje los pañales.
Honestamente, la edad, pues no la sé, quizás alrededor de los 18 a 24 meses, pero incluso hay quienes empiezan antes; sin embargo, más que un tema de edad creo que es una cuestión de madurez y disciplina.
Claudia SolísSoy madre de dos niñas, una de 7 y otra de 5 años. En mis ratos libres también soy periodista full time, un trabajo que me gusta mucho pero que comparto con mi otro trabajo, el más duro, el más complejo y también el mejor, ser mamá.
Trato de hacer lo mejor que puedo a veces volviéndome loca y otras veces guardando la cordura pero siempre bajo la sospecha que se me ha zafado un cable, yendo por la crianza a campo traviesa, sorteando las dificultades del camino, sin mapa.
