El yogur se ha impuesto como alimento saludable para ewl aparato digestivo.(Foto: EFE)

El yogur se ha impuesto como alimento saludable para ewl aparato digestivo. En la foto, una cadena de envasado de yogures en España en los años 70 del siglo XX.

La flora intestinal puede ser putrefactiva como consecuencia de una alimentación prioritariamente proteica, o bien fermentativa, fruto de una ingesta de glúcidos, de acuerdo con los estudios más elementales sobre procesos digestivos.
La dieta proteica, típica de los carnívoros, genera muy pocos residuos y las bacterias de la flora intestinal actúan sobre esos restos poco o mal digeridos. Debido a la falta de oxígeno en el tramo del intestino grueso donde se desarrolla el proceso, la acción de las bacterias sobre los aminoácidos de las proteínas genera amoníaco y aminas, unos compuestos nitrogenados que actúan de manera contundente sobre los vasos sanguíneos y el sistema nervioso.

El hígado como filtro
Como recuerda Mariano Alemany, catedrático de Bioquímica y experto en procesos de absorción nutricional, "la toxicidad de estos materiales es muy elevada", aunque el hígado se encarga de actuar como filtro y eliminar los elementos tóxicos.
No obstante, el experto considera que es mejor albergar una flora fermentativa que una flora putrefactiva, primero porque el ritmo de defecación se mantiene mucho mejor, y segundo porque no es nada recomendable para el intestino grueso estar en contacto permanente con materiales extremadamente tóxicos, ya que obligamos de esta manera al hígado a trabajar más de lo debido.
La flora intestinal contiene microorganismos muy beneficiosos que suelen impedir el crecimiento y desarrollo de otros que pueden resultar peligrosos. Por otra parte, nuestro sistema de defensas suele alejar el peligro a través de la eliminación natural. Se calcula que con las heces desechamos entre 50 y 100 gramos de bacterias perniciosas.
No obstante, una incapacidad de nuestro hígado para eliminar esos venenos derivados de la transformación de los alimentos en el intestino puede acarrear enfermedades como el cáncer de colon.
Para la dietista española Ana Luque, la flora intestinal es "el alma de la salud" y, a su juicio, gran parte de los males que sufre el organismo radican en la falta de bacterias probióticas en el intestino grueso, según afirma en su libro "The yogurt diet", que ha logrado hasta el momento un buen nivel de aceptación en Estados Unidos, según la propia autora.

Los antibióticos son unos fármacos que pueden alterar gravemente la flora intestinal.(Foto: EFE)

Los antibióticos son unos fármacos que pueden alterar gravemente la flora intestinal.

Estos microorganismos que abundan en el yogur podrían ayudar, según Luque, a evitar intolerancias a algunos alimentos, a controlar los niveles de colesterol, y a defenderse frente a la obesidad o la diabetes.
En contra de lo que sostiene Alemany sobre la alimentación proteica, Luque apuesta por los menús tradicionales en los que no faltan las grasas o las proteínas, denostados en la mayor parte de las dietas, y se muestra absolutamente contraria a la leche de soja, el aceite de maíz y la glucosa, a la que considera "enemiga" de las bacterias probióticas.
"Las dietas elevadas en azúcar no permiten el desarrollo de los microorganismos necesarios en el intestino grueso, y genera un desequilibrio que acaba derivando en la aparición de obesidad, o incluso diabetes", sostiene Luque.

Yogur y agave
Luque recoge la idea del yogur como panacea, difundida a principios del siglo XX por el microbiólogo ucraniano Ilya Mechnikov, científico del Instituto Pasteur de Paris y Premio Nobel de Medicina en 1908, quien aseguró que una dieta de de esta leche fermentada descubierta hace miles de años en el Cáucaso encerraba el secreto de la longevidad. El problema de la teoría de este científico es que la mayoría de los lactobacilos del yogur no llegan vivos al intestino. Con posterioridad, los avances en la materia permitieron preparados de microorganismos que llegan en mejores condiciones al aparato digestivo y ayudan a reparar la flora intestinal.

El agave azul, materia prima del tequila, contiene unas sustancias, las fructanas, que podrían ayudar a combatir problemas derivados de flora intestinal dañada.(Foto: EFE)

El agave azul, materia prima del tequila, contiene unas sustancias, las fructanas, que podrían ayudar a combatir problemas derivados de flora intestinal dañada.

Además del yogur, el agave, materia prima para la elaboración del tequila, podría resultar en un futuro un elemento a tener en cuenta para combatir problemas derivados de desarreglos en la flora intestinal.
Según un equipo de investigadores mexicanos, encabezado por el Dr. Guillermo Toriz González, de la Universidad de Guadalajara, la clave del experimento está en las fructanas, unos carbohidratos capaces de resistir la acción de los ácidos estomacales que se encuentran en la composición del agave azul y que permitirían la llegada de fármacos a través del aparato digestivo hasta el colon. Estos fármacos serían específicos de acción directa en patologías como tumoraciones cancerosas y colitis ulcerosas.
Las fructanas del agave azul tienen ventajas para controlar el colesterol rol, restaurar la flora intestinal, estimular la absorción de calcio e inhibir el cáncer de colon, asegura el Dr. Toriz González.

El peligro de los antibióticos

Los expertos coinciden por otro lado en que el excesivo consumo de antibióticos puede poner en peligro la inmunidad innata del intestino, lo que explica por qué se producen infecciones con bacterias resistentes a este tipo de fármacos. Cada vez resulta más necesario prevenir los efectos secundarios de este tipo de tratamientos que pueden alterar profundamente la composición de la flora intestinal, complicando al tiempo el proceso de formación de residuos.
Investigadores del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York han comprobado en experimentos con ratones que los antibióticos acaban con muchos tipos de bacterias intestinales. Este daño a la flora intestinal, debido al déficit inmunológico provocado por los fármacos, abre un nicho rico en nutrientes en el que las bacterias resistentes a antibióticos pueden sobrevivir y desarrollar enfermedades.
Algunos estudios vinculan el incremento del consumo de antibióticos, iniciado en la década de los años 40, con la proliferación de casos de cáncer de colon y otras alteraciones intestinales, de acuerdo siempre con datos estadísticos contrastados.