El secreto de una piel radiante está en el desmaquillante -  © Corbis

Después de una intensa jornada de trabajo, si además quedaste para cenar y luego tomaste una copa, lo único que te apetece al llegar a casa es meterse en la cama de un salto, pero si quieres presumir de una piel descansada y radiante al día siguiente, así como evitar los antiestéticos granitos, no tienes más remedio que desmaquillarte. 

Es el requisito obligatorio para lucir de un cutis sano y limpio, de lo contrario “quedarían residuos que contaminarían la piel internamente porque durante las horas de sueño se abren los poros”, nos explicó Migue, estilista de las celebridades. Esos residuos, si no se retiran adecuadamente, son los responsables de una tez apagada, de que se tapen los poros y se formen pequeñas bolas de grasa que dan lugar a lo que se conoce como acné cosmético. 

Además de retirar los restos de cosméticos, los productos desmaquilladores también están formulados para atacar las bacterias y los contaminantes del medio ambiente, por lo que si eres de las que no te maquillas, también estás obligada a limpiarte la piel. Para que la operación sea todo un éxito, es indispensable que utilices un producto adecuado para tu tipo de piel, que puedes identificar fácilmente con esta guía:  

Seca: Suele presentar descamación, se irrita fácilmente y aparece como granulosa y áspera.

Grasa: Luce con brillos, con poros abiertos y puede presentar espinillas y puntos negros.

Normal: Aparece tersa y flexible, sin barritos ni puntos negros.

Mixta: Las zonas grasas, sobre todo en la frente nariz y barbilla, se mezclan con áreas secas, normalmente en las mejillas.

Sensible: Su aspecto es rojizo, se irrita fácilmente y tiende a presentar erupciones. Una vez que has descifrado tu tipo de cutis, elegir el producto adecuado es una tarea sencilla, aunque es conveniente conocer las diferentes texturas que te ofrece el mercado.